El Castillo de

Cristal

Trata de la hermosura y dignidad de nuestras almas


Primeras Moradas

TRATA DE LA HERMOSURA Y DIGNIDAD DE NUESTRAS ALMAS

En éste capítulo Santa Teresa nos enseña que nuestra alma es como un castillo de diamante o cristal, en cuyo centro habita Dios…

1. Considerad nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal, adonde hay muchos aposentos, así como en el cielo hay muchas moradas. 

– Pues no es otra cosa el alma del Justo, sino un paraíso, a donde dice Él tiene sus deleites.

– Dios nos creo a su imagen y semejanza

2. No es pequeña lástima y confusión que, por nuestra culpa, no entendamos a nosotros mismos ni sepamos quién somos.

– Has considerado quien eres?

– Sabemos que tenemos alma, pero conoces la belleza de tu alma y quién ésta dentro de tu alma, y su gran valor?. Y así se tiene en tan poco procurar con todo cuidado conservar su hermosura: todo se nos va en la grosería del engaste o cerca de este castillo, que son estos cuerpos. 

3. Pues consideremos que este castillo tiene como he dicho muchas moradas, unas en lo alto, otras embajo, otras a los lados; y en el centro y mitad de todas éstas tiene la más principal, que es adonde pasan las cosas de mucho secreto entre Dios y el alma. 

– Es de gran importancia creer que un gran Dios puede comunicarse en éste destierro con un alma humilde y que ame al prójimo; y confiar en procurar alcanzar lo que gozan los bienaventurados desde ahora, en ésta vida y amar una bondad tan buena y una misericordia tan sin tasa.

4. Yo sé que quien esto no creyere no lo verá por experiencia, porque es muy amigo de que no pongan tasa a sus obras.

5. Pues tornando a nuestro hermoso y deleitoso castillo, hemos de ver cómo podremos entrar en él. 

– Hay muchas almas que se están en la ronda del castillo que es adonde están los que le guardan, y que no se les da nada de entrar dentro, ni saben qué hay en aquel tan precioso lugar, ni quién está dentro ni aun qué piezas tiene. 

-Ya habréis oído en algunos libros de oración aconsejar al alma que entre dentro de sí; pues esto mismo es.

6. Decíame poco ha un gran letrado que son las almas que no tienen oración como un cuerpo con perlesía o tullido, que aunque tiene pies y manos no los puede mandar.

-Así son, hay almas tan enfermas y mostradas a estarse en cosas exteriores, que no hay remedio ni parece que pueden entrar dentro de sí; porque ya la costumbre la tiene tal de haber siempre tratado con las sabandijas y bestias que están en el cerco del castillo, que ya casi está hecha como ellas, y con ser de natural tan rica y poder tener su conversación no menos que con Dios, no hay remedio. 

7. Porque, a cuanto yo puedo entender, la puerta para entrar en este castillo es la oración y consideración.

– No digo más mental que vocal, que como sea oración ha de ser con consideración, porque el alma que no advierte con quién habla y lo que pide y quién es quien pide y a quién, no la llamo yo oración.

8. Pues no hablemos con estas almas tullidas,

 – Si no viene el mismo Señor a mandarlas se levanten como al que había treinta años que estaba en la piscina, tienen harta malaventura y gran peligro.

– Sino con otras almas que, en fin, entran en el castillo; y consideran quienes son, aunque de tarde en tarde y en fin entran en las primeras piezas de las bajas; mas entran con ellos tantas sabandijas, que ni le dejan ver la hermosura del castillo, ni sosegar; harto hacen en haber entrado.

– Es gran cosa el propio conocimiento: A donde está su tesoro, se va allá el corazón.

9. Si no sois de éstas almas tullidas, es por la bondad de Dios.

– Es bien dificultoso lo que querría daros a entender, si no hay experiencia; si la hay, veréis que no se puede hacer menos de tocar en lo que plega al Señor no nos toque por su misericordia.

TRATA DE CUAN FEA COSA ES UN ALMA QUE ESTÁ EN PECADO MORTAL. Y TRATA TAMBIÉN DEL PROPIO CONOCIMIENTO.

SantaTeresa nos enseña la importancia de reconocer el pecado, descubrir la presencia de Dios en nuestra alma, crecer en el conocimiento propio y la humildad, avanzar en el camino espiritual y vivir la verdadera caridad. Leer resumen…
  1. El pecado mortal oscurece profundamente el alma, aunque Dios permanece en su centro.
  2. El alma que vive en gracia recibe de Dios la vida y el fruto de sus buenas obras; al apartarse de Él, queda en oscuridad y desorden.
  3. Dios no pierde su resplandor ni su hermosura en el alma; somos nosotros quienes, como un cristal cubierto, dejamos de recibir su luz.
  4. Santa Teresa llama al alma a reconocer su situación y apartar aquello que la separa de la luz de Dios.
  5. El pecado mortal es el mayor mal que podemos sufrir; de él debemos pedir a Dios que nos libre. De esta experiencia nacen el temor de ofenderle y la humildad.
  6. No es tiempo perdido detenernos en estas enseñanzas, pues necesitamos comprenderlas y pedir a Dios la gracia para vivirlas.
  7. Las cosas interiores son difíciles de explicar, pero Santa Teresa considera importante dar a conocer lo que Dios obra en el alma mediante la oración.
  8. Las moradas no deben entenderse como habitaciones aisladas: hay que mirar hacia el centro del castillo, donde está el Rey, y reconocer la grandeza del alma.
  9. El conocimiento propio es indispensable, pero debe ir acompañado de humildad: conociendo a Dios conocemos mejor nuestra propia pequeñez.
  10. Si permanecemos demasiado encerrados en nuestras miserias, el propio conocimiento puede producir temor, cobardía y desánimo, en lugar de hacernos crecer.
  11. Para aprender la verdadera humildad debemos poner los ojos en Cristo y no quedarnos encerrados en nosotros mismos.
  12. Hay muchas maneras de entrar en estas primeras moradas; el demonio busca engañar y detener al alma para que no avance hacia Dios.
  13. Santa Teresa insiste en la importancia de comprender bien la humildad y el propio conocimiento, porque son fundamentales para la vida espiritual.
  14. Aunque el alma ya no esté en pecado, las cosas del mundo pueden impedirle disfrutar de la luz de Dios; para avanzar debe desprenderse de lo que no es necesario.
  15. Incluso quienes han avanzado en la vida espiritual deben permanecer vigilantes, porque el demonio puede intentar hacerlos retroceder.
  16. El demonio puede disfrazar una cosa buena —como la penitencia o el deseo de perfección— y llevarnos al exceso, la desobediencia o a juzgar a los demás.
  17. La verdadera perfección consiste en el amor a Dios y al prójimo; por eso debemos evitar los celos y mirarnos primero a nosotros mismos.
  18. No debemos juzgar continuamente las pequeñas faltas de los demás, porque podemos perder la paz y provocar la de otros. La caridad exige prudencia y evitar la murmuración


Segundas Moradas

Capitulo 1

QUE TRATA DE LO MUCHO QUE IMPORTA LA PERSEVERANCIA PARA LLEGAR A LAS POSTRERAS MORADAS, Y A LA GRAN GUERRA QUE DA EL DEMONIO, Y CUANTO CONVIENE NO ERRAR EL CAMINO EN EL PRINCIPIO. PARA ACERTAR, DA UN MEDIO QUE HA PROBADO SER MUY EFICAZ.

Mensaje central—Perseverar en al oración, no volver atrás ante las dificultades y confiar en la Misericordia de Dios. Leer…
  1. Las almas que entran en las segundas moradas

Son las almas que ya han comenzado a tener oración y comprenden que no deben quedarse en las primeras moradas.

  1. La lucha de quienes comienzan a orar

Aunque desean acercarse a Dios, todavía no tienen la determinación de dejar las ocasiones de pecado. Sin embargo, Dios, con su gran misericordia, continúa llamándolas para que se acerquen a Él.

  1. La perseverancia ante las llamadas de Dios

Dios nos llama por medio de personas buenas, sermones, buenos libros, enfermedades y dificultades. Santa Teresa nos recuerda que debemos perseverar y no desanimarnos, aunque tardemos en responder. El demonio procura impedir nuestro avance.

  1. La lucha entre el mundo y el deseo de seguir a Dios

El alma se debate entre los atractivos del mundo y el deseo de acercarse a Dios. La razón, la fe, la memoria y la voluntad le ayudan a reconocer que en Dios encontrará el verdadero bien, la seguridad y la paz.

  1. El peligro de acostumbrarse a las cosas del mundo

Aunque el alma comprenda estas razones, la costumbre de las vanidades y el ejemplo de quienes viven pendientes del mundo pueden debilitar su fe y hacerla retroceder.

  1. Pedir ayuda a Dios y no volver atrás

Es necesario pedir ayuda a Dios, apartarse de las malas compañías y buscar personas que nos ayuden a avanzar en la vida espiritual. Santa Teresa nos anima a tener una gran determinación y a luchar con las armas de la cruz.

  1. No buscar consuelos en la oración

Al comenzar el camino espiritual, no debemos buscar los gustos y consuelos de la oración. Hemos de abrazar la cruz de Cristo y estar dispuestos a padecer por su amor, aceptando agradecidos los consuelos si Dios nos los concede.

  1. Conformar nuestra voluntad con la de Dios

La finalidad de la oración debe ser esforzarnos por hacer la voluntad de Dios y conformar la nuestra con la suya. No debemos pretender que Dios haga siempre lo que nosotros queremos, sino perseverar incluso cuando haya sequedades, dificultades y tentaciones.

  1. No desanimarnos cuando caemos

Si caemos, no debemos abandonar el camino comenzado. Dios puede sacar bien incluso de nuestras caídas. Santa Teresa nos exhorta a confiar en su misericordia, procurar la paz interior y no volver atrás.

  1. Buscar consejo y no abandonar la oración

Es conveniente tratar con personas experimentadas en la vida espiritual. Aunque encontremos dificultades, no debemos dejar la oración: hay que volver a comenzar y perseverar, confiando en que Dios guiará todo para nuestro bien.

  1. La oración es necesaria para llegar a Dios

No debemos dejar de orar por miedo a caer. La oración es la puerta para entrar en el castillo interior. Es necesario conocernos, reconocer nuestra miseria, pedir misericordia y contemplar a Jesucristo, su amor y su muerte por nosotros, para aprender a amarle y servirle.

Terceras moradas

capitulo 1

TRATA DE LA POCA SEGURIDAD QUE PODEMOS TENER MIENTRAS SE VIVE EN ESTE DESTIERRO, AUNQUE EL ESTADO SEA SUBIDO, Y CÓMO CONVIENE ANDAR CON TEMOR.

En este capítulo, Santa Teresa nos enseña que no debemos confiarnos en nuestras propias fuerzas, sino perseverar en el camino de Dios con humildad, vigilancia, desprendimiento y amor demostrado con obras.
Leer mas…
  1. La perseverancia y el temor de Dios

Quienes han vencido las dificultades y entrado en las terceras moradas por la misericordia de Dios son bienaventurados. Es importante perseverar y no abandonar el camino comenzado, pues en esta vida no hay seguridad absoluta.

  1. La inseguridad de esta vida

Santa Teresa compara nuestra vida con una fortaleza rodeada de enemigos, donde siempre debemos estar vigilantes. Anhela estar con Dios y recuerda que debemos aceptar su voluntad y gastar la vida en su servicio.

  1. La misericordia de Dios y nuestra propia miseria

Santa Teresa reconoce sus propias faltas y siente dolor al recordar que no siempre correspondió a las ayudas que Dios le dio. Por eso, pone toda su confianza en la misericordia divina, en los méritos de Jesucristo y en la intercesión de la Virgen María.

  1. No debemos creernos seguros

Aunque llevemos una vida de oración, penitencia y recogimiento, no debemos pensar que ya estamos libres de caer. Santa Teresa nos recuerda que debemos permanecer vigilantes y tener presente el temor de Dios.

  1. Las buenas obras de las almas de las terceras moradas

Estas almas procuran no ofender a Dios, se apartan de los pecados, hacen penitencia, dedican tiempo a la oración y practican la caridad con el prójimo. Es un estado bueno y una disposición favorable para seguir avanzando hacia las moradas más interiores.

  1. No basta con desear la perfección

Aunque deseemos llegar a Dios, no basta con decirlo. Santa Teresa recuerda el ejemplo del joven rico del Evangelio, que se entristeció cuando Jesús le pidió más. También enseña que las sequedades y dificultades interiores pueden formar parte de nuestro camino, y que no debemos juzgar los designios de Dios.

  1. La humildad y el amor demostrado con obras

Debemos examinarnos con humildad y reconocer que no tenemos razón para quejarnos de Dios. El amor verdadero no consiste solamente en buenos deseos: debe demostrarse con obras y con una voluntad decidida a seguir al Señor.

  1. No creernos merecedores de las gracias de Dios

Dejar las cosas del mundo es una buena disposición, pero debemos perseverar en ese desprendimiento y no volver a los apegos anteriores. Santa Teresa nos recuerda que somos siervos sin provecho y que, cuanto más hemos recibido de Dios, mayor es nuestra deuda de amor y gratitud hacia Él.

  1. Aprender humildad en las sequedades

Santa Teresa nos invita a aceptar las sequedades de la oración con humildad y no con inquietud. Dios puede concedernos paz y conformidad aun cuando no recibamos consuelos espirituales. Pruébanos, Tú, Señor, que sabes las verdades, para que nos conozcamos.

Regístrate y oraremos por ti 🌸

Nombre
Shopping Cart

Get 10% off your first purchase

Close Welcome Bar
🌸 Escríbeme !!!🛍